Es imposible describir en tan solo una reseña lo genial que ha sido la semana que he pasado en Ruralco.
El entorno es un tranquilo valle con un lago a sus pies por el que un paseo al atardecer o a su maravilloso sol de mediodía te dejará en paz y armonía contigo mismo y el entorno.
La casa está muy cuidada, con un espacio de trabajo perfecto que incluye sillas de oficina, buen WiFi, enchufes, buena iluminación y, lo mejor de todo, una chimenea que calienta y relaja a partes iguales. No hay nada como trabajar al crepitar de la leña. La cocina cuenta con todo lo que puedas necesitar para tus guisos (fogones, horno, microondas, nevera, lavavajillas...). De hecho, en ella preparamos comidas espectaculares, desde cordero a tortilla de calabacines del huerto del propietario. Hay zonas comunes para leer o ver una película, juegos de mesa e, incluso, un gimnasio arriba, junto a una terraza donde podrás tender la ropa si te decides a usa la lavadora. ¡Hasta podrás subir en ascensor a la habitación si el día te ha dejado exhausto!
Las habitaciones están muy bien. Cada una cuenta con su baño privado, que incluye ducha, lavabo y retrete. También encontrarás toallas, almohadas, mesillas y una cama de matrimonio en la que dormir entre la paz absoluta del valle. No sé cuánto voy a tardar en volver a encontrar un sueño como el que allí disfruté.
Pero, sin duda, lo mejor de la estancia ha sido la compañía. Óscar, el propietario y quien gestiona el espacio, es una persona encantadora. Se desvive por hacerte sentir como en casa, dejándote lo que necesites, ayudándote con todo, siempre dispuesto a escuchar sugerencias... Y, más que nada, generando un buen ambiente que se respira desde que entras. Los 3 primeros días estuve a solas con él y me llevó a tomar unas cervezas a Culla, trajo a sus amigos a cenar y lo pasamos genial, me llevó en su Land Rover a recoger leña para la chimenea, me indicó rutas que hacer... Después vino otro chico y, entre los tres, formamos un grupo muy divertido. Lo pasamos en grande jugando a los bolos, a juegos de mesa, cocinando, aprendiendo los unos de los otros...
Podría hacer esta reseña infinitamente larga y no escribir más que elogios, pero, por concluir, diré que de allí me llevo una experiencia fantástica, una paz que perdura y, sobre todo, dos amigos a los que espero volver a ver en Ruralco o donde sea que la vida nos junte.